Facebook

Todo sobre el té


Origen del té
La leyenda nos lleva al origen del té en China, nada menos que al año 2737 aC, cuando dentro del agua que se hervía por higiene cayeron hojas de té silvestre por casualidad y, al oler el aroma, el propio emperador quiso probarlo. Aunque está por demostrar esta historia, sí es cierto que el arbusto del té procede de este país, concretamente del Camelia Sinensis y sus retoños terminales, los brotes llamados pekoes (pelusa en chino), aunque actualmente se produce también en India, Sri Lanka, Japón, Taiwán y Kenia.

Su uso en Europa se popularizó a raíz de la anexión de la India por parte de Inglaterra, ya que en este país su consumo es tan habitual que muchas empresas permiten a sus empleados hacer una pausa para beberlo.

Tipos de tés

Los diferentes tipos de té se producen según su fermentación, marchitamiento, desecación o cribado. Se pueden clasificar entres los Tés Puros: el Té negro, que se caracteriza por su astringencia y cuerpo;  el Té Oolong, semi-fermentado, más suave y muy digestivo; el Té Rojo, también conocido como Pu Erh, se denomina rojo por el color de la infusión y se elabora a partir de hojas de té secadas y tostadas al sol que se dejan madurar en cuevas, lo que constituye la segunda fermentación.

Cada tipo de té tiene un aroma, gusto y propiedades diferentes
Se les atribuye propiedades beneficiosas para la salud como ayudar a la pérdida de peso, la reducción del nivel de colesterol en sangre o facilitar la digestión; el Té verde, cuyas hojas son desecadas y vaporizadas, tiene un alto índice de antioxidantes y vitamina C, ya que no esta fermentado y no se producen cambios en su composición química, es además muy diurético; y, finalmente, los Tés Blancos, un tipo de té muy sutil que solo se produce en China, y cuyo color blanquecino en la infusión se debe a que está compuesto por las yemas aterciopeladas más tiernas de la planta. Es conocido como el té de la Belleza por su alto contenido en antioxidantes. Últimamente están muy de moda los tés aromatizados, que tienen como base cualquiera de los tés anteriormente reseñados, a los que se le añaden flores como lavanda, cártamo, jazmín, rosas… También aceites esenciales de frutas, trocitos de frutas e incluso trozos de chocolate y frutos secos. Existen también tés desteínados, para quienes prefieren evitar su efecto estimulante, y otras tisanas a las que se llaman equivocadamente tés porque poseen sabores similares, como es el caso de los Rooibos.

Propiedades nutricionales del té

Es un estimulante ligero: una taza de té contiene el doble de teína que una de bebida de cola y dos tercios de una de café instantáneo. El té posee quercetina, que es uno de los compuestos químicos que se conocen como bioflavinoides, antioxidantes poderosos y cuyo consumo se asocia a la reducción del riesgo de enfermedades cardíacas, así como el aumento de las defensas y la ralentización del envejecimiento prematuro, además de efectos específicos según el tipo, como sucede con el té rojo y su capacidad como “come-grasas”.

¿Qué tomar con un té?

Armoniza muy bien con los dulces, especialmente los tés negros, los sabores ligeramente picantes o ácidos le van muy bien, de ahí el tradicional emparedado de pepinillo con el que  acompañan los ingleses su té de media tarde… Los tés verdes acompañan bien los quesos fuertes y el pescado, mientras que carne y caza puede tomarse con un té aromatizado.

Por Eva Celada